Hace algún tiempo ya te escribí, en el silencio de mi habitación, en mi cuaderno de la mesita de noche... Te pedí que no volvieras a mi vida, que no me apetecía que nos reencotrásemos, que me asustabas, que me habías hecho mucho daño, y que ya no me apetecía sufrir más.
Pasados unos días, por segunda vez, volví a escribirte... es la única forma que tengo de hablarte, y te dije que te dejaba que llegarás, pues comenzé a intuir que era inevitable que lo hicieras, pero te rogué que lo hicieses despacio, que fueras delicado, que llegarás sin estruendo y me acariciaras...
Y hoy de nuevo te escribo... Hoy te escribo para darte las gracias, en esta noche lluviosa de luna llena. Quiero agradecerte que llegaras despacio, que te presentaras a mí a través de unos ojos tiernos, que fueras invadiéndome y ganándome batallas con besos, con palabras, con música, con abrazos, con noches eternas...
Hay quién dice que eres ciego, hay quién cree que no existes, hay quién cree que siempre vas acompañado de la locura, hay quien dice que por ti se hace de todo, hay quien cree que siempre haces llorar... Yo ya no sé que creer...
Tan sólo quiero pedirte algo más... ya que has llegado a mi vida, por favor, no te vayas, quédate...
Oigres dijo
Muy bonito es eso que has escrito. Enhorabuena por tu facilidad para encontrar palabras donde otros no saben ni cómo empezar a buscar. Me alegro mucho de que sientas eso que a la vez provocas.
Besos
8 Abril 2007 | 12:44 PM